martes, 18 de julio de 2017

Juntos es mejor

Buscan compañía mientras crecen. Egoístamente, se aferran a la idea de no envejecer solos. Se agarran a quien les hace la vida un poco más fácil, que no mejor. Idealizan vidas en común, hipotecas, niños, un perro... casa en la playa, la montaña... y qué se yo cuantas cosas mas. No es que me parezca mal. Es que yo tan solo quería un -alguien. Una persona que me pusiera la vida del revés. Que pusiera a la cola todos mis principios y colocara en primer lugar lo que me había dejado para el final. Que me obligara a reformular todos y cada uno de mis porqué sí y consiguiera que le diera más de dos veces la razón. Alguien que cuestionara cada uno de mis planes, porque supiera y quisiera trazarlos aún mejor. Quería vivir en el sentido más fluorescente de la palabra sentir. Me acostumbré a quererme bien y mucho, sola. A disfrutar de lunes a domingo sin esperar más mitad que la de exprimir el resto de mi vida. Mía y solo mía. Para como más feliz se me ocurriera vivirla. Solo quería sensaciones. Experimentar vértigo sin saltar, magia sin tener que ponerme a inventar. Imaginé durante veintiséis años que un día iba a encontrarme con la forma de sentir más inexplicable de todas. Que un día X, todo tendría todavía más sentido. Y sería aún mas bonito. Más bonito que haber nacido, que tener un puñado de días indefinido (que no infinito) para construirme. Que una persona de pronto me admiraría. A mí. Que tendría todo lo que yo querría admirar. Todo. En una sola. Y me dediqué a dejar que la vida se dedicara a suceder, sin ninguna prisa, con mucha calma, llena de ganas y con todo el tiempo que cada mañana te promete un día más. Así llegó. Si hubiera tenido que describirlo antes, jamás hubiera podido hacerlo mejor. Mejor a como es, ni de la manera que siente, o  la forma que tiene de volver a elegirme cada día a mi. Apareció. Nos cruzamos en el tiempo, como se chocan dos desconocidos cada día, al azar, en algún lugar. Supimos que íbamos a entendernos sin necesidad de explicar nada más. Ni menos. Ni mejor. Porque si hubiera tenido que contar cómo lo quería... se me habría olvidado, seguro más de la mitad. Pero él lo tiene. No sé si perfecto, pero es el mío. Miísimo. Como yo lo quería. Con la misma sonrisa, imposible de dibujarse mejor. Tan capaz de desenredar cualquier mal, menor o mayor, siempre soplando nuestro viento a favor. Con la mirada tan llena de vida, como mimo pone a cada cosa que hace al vivirla. Con las carcajadas exactas para que me muera de amor, incluso antes que de risa. Y esa capacidad para que cualquiera a su alrededor vuelva a ser un niño. Jamás se le olvida la ilusión ni de ponerse serio cuando lo pide una situación. Es lo mejor que podría tener al lado, para completar mi yo en construcción. El pilar más seguro para cualquier sensación. Y la melodía perfecta para enamorarme de esta canción.

Yo solo quería entender sentir la diferencia entre la compañía y el amor.
Así viví que juntos es mejor.



domingo, 11 de junio de 2017

Luz

Noviembre se asomaba frío, traía lo que siempre arrastra el otoño, tras un verano impredecible y septiembres llenos de propósitos que llegas tarde a cumplir. A noviembre le pedía luz, que encajara entre mucho rosa y sobre todo, pastel, unas velas con llama grande, a pesar del miedo. Y se dejara apagar por todo el aire que era incapaz de renovar yo. Le supliqué sorpresa y le puse la fuerza. Entonces llegó. Se acercó con tanto cuidado como vértigo. Trajo luz y la llama se hizo grande en cuestión de segundos. Lo hizo brillar todo y me recordó a lo que había venido yo aquí. Me hizo grande a mí. Me enseñó a sonreír todavía más y lo que parecía imposible: con más pasión. Noviembre me regaló los veintiséis(mil) deseos que había estado pidiendo toda mi vida y los condensó en la sonrisa más bonita con la que me había topado jamás. Y ahora lo que llega, lo hace sólo. Lo que sucede, lo masticamos, sin prisa, sin más. La vida parece un regalo y la verdad, es que saborearla a su lado, me parece el mejor plan. Pronunciar 'juntos' suena a vida y se ve como una luz que cada instante brilla un poquito más.


lunes, 20 de marzo de 2017

Pan y chocolate

Era verdad. Era una verdad como una casa, que las cosas llegan a ti justo en el instante exacto en el que decides dejar de esperarlas. O no. Ni lo has decidido, ni te has dado cuenta siquiera de que te habías expuesto a que la vida sucediera sola, sin más. Pero tampoco sin menos. Era una verdad como un templo, que aparece. La vida se te pone por delante haciéndote un corte de mangas. Y te dice que te jodas. Que si ahora no querías ni una sola complicación, te va a romper absolutamente todos los esquemas que tantísimos suspiros te había costado trazar. Que va a ponértelo todo del revés, porque los prejuicios fueron construidos para ser derribados, para que te peguen una patada en el trasero cuando estás de cuclillas y te rías al verte en el suelo, sobre tus cuatro patas, después de darte cuenta de que ninguna de ellas, son las que creías que te sostenían en realidad. Era verdad, sí. Que todo eso de lo que hablan miles de películas e infinitud de libros, puede pasar. ¿Cómo no va a poder pasar? Si alguien se ha molestado en contarlo con tanto detalle es porque ha formado parte en algún momento de una realidad. Y que era verdad, que era desconcertantemente verdad, eso del nudo en la garganta, lo de las mariposas ridículas revoloteando en el estómago, que las horas pueden verse traducidas en milésimas de segundo cuando las compartes bien. Que pueden hacer que quieras ser la mejor versión de ti misma... todos los días. Todo el rato. Era verdad. Es de verdad. Él. El de verdad. El que es capaz de cruzarse la ciudad de una punta a otra, incluso dos veces en un mismo día, solo si así puede darte un beso más. Que te cuida. Que te mira y es como si se creara una burbuja a tu alrededor imposible de traspasar, a la que ningún tipo de sensación negativa pudiera cruzar. Que todo el amor que contienen sus ojos es tan cierto como la sonrisa que a mí ya no se me puede borrar desde que los tiene puestos en mí. Y es que la vida es perfecta. La vida lo tiene todo así. Podría llover todos los días, podría prescindir de los dulces y del café. Era verdad que se puede vivir tan feliz que duele, que se puede querer tanto que asuste, pero que te pueden querer tan bien, que todo lo cure.
Que la verdad, es que cuando es, lo sabes. Sin más. Lo sabes y sabes, que harás lo inimaginable cada uno de los minutos de cada día, por no dejarlo escapar.


jueves, 8 de diciembre de 2016

2020:0505

Sabía que me estaba ahogando, porque volví a respirar. Cogí aire, sin pensar. Lo cogí todo e inflé mis pulmones como si fueran dos enormes globos de feria. Y me dejé volar. Y llevar. Puse el contador a cero, borré los kilómetros que había corrido hacia detrás. Salté en el aire, me di la vuelta y empecé a recordar.

Pensé en mi con tanto vértigo como sueño hay bajo mis pestañas cada vez que un nuevo día va a empezar. Con tanto impulso cogí el vuelo, que me lo llevé todo conmigo. Las palabras, los silencios, los motivos, los gritos… y el frío. Para poder acurrucarme allí donde llegue y tenga siempre recursos en el juego de las prendas. Y así no perder jamás, ni tener que llegarme a desnudar.

Define vértigo.
A mí me da por inventarme todo para que no tenga sentido. Querer no es poder. Querer es hacer. Y las sensaciones son casi lo mismo que una actitud. Piénsalo. Yo ya no sé si siento o si soy. O si las dos cosas. Porque crear no significa creer, pero hago porque creo. Lo que siento. ¿No es acaso lo que soy? Vértigo.


Es una sensación que desordena todas las vocales y te obliga a seguir uniendo sílabas sin colocarlas bien. Tú ya sabes. Tu subconsciente podría leer este texto con cada vocal del revés. Solo que más despacio. Y para qué correr. Y porqué ordenarlo. Al final lo harás como, puedas. Y sentir… sentirás que estás improvisando.

Yo no sé porqué me acostumbré a escribir con la derecha si a mi lo que me sale es ponerlo todo del revés. De la otra manera. Me empeño en dar la vuelta a monedas de una sola cara y a sacársela a quien de por sí solo, ya se sabe defender. No sé tampoco si hay dos formas de hacer las cosas. Si hay una larga y otra corta, si en fácil o en difícil pueden caber todas las demás.  Ni entiendo porque lo contrario es peor. Yo escojo donde nace lo raro y como se muere para ser común. No sé qué es vértigo. No sé qué es lo normal. Pero quiero que lo más bonito del mundo, me lo siga pareciendo siempre.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Con,jugo.

Me perdí exactamente el mismo día en que empezaba a encontrarte. Tiraste todo mi amor propio escaleras abajo. De paso, me dejé caer yo también. Sacudí todas nuestras migas, hice montañas de lo que solo eran restos y esperé que el tiempo hiciera lo que jamás iba a ser capaz de hacer yo. Me acostumbré a estar, sin ser. Deshojé cuidadosamente cada noche, margaritas hechas de palabras vacías, que caían entre mis pies, mientras yo me colocaba bajo los tuyos. Y es que, lo más humillante que hay, de estar a los pies de alguien, es elegirte debajo. Facilité que me pisaras, que no tuvieras ni que pensar en lo que hacías mal. He asumido la realidad porque cambiarla implica asumirte a ti. Y entender que nunca fuimos es aceptar que todavía no me han vivido. Que no me han latido, o lo que quiera que sea, sentirlo en primera persona del plural. Ahora sé que no hay un contigo. Porque ser y estar van de la mano todo lo fuerte que nunca nos hemos agarrado nosotros. Porque jamás te has atrevido a conjugarlos conmigo. Y yo, que ya no espero, ni padezco, que solo sobrevivo y me olvido (de mi)... me planto, te aparto, nos resuelvo, que ya no puedo más y que no me voy a conformar (nunca) con menos.